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    Sobre la virtud en Aristóteles

    By admin | April 19, 2008

    ARISTÓTELES
    2004 Ética Nicomáquea. Barcelona: Ed. Gredos (RBA Coleccionables)

    1974 Obras Filosóficas. U.S.A: W.M. Jackson, Inc.

     

    Se lee a Aristóteles como uno de los fundadores de la crítica de la estructura del comportamiento humano en Occidente, a punto de considerarlo como la authoritans en materia filosófica, lógica y metafísica de la doxografía occidental. De hecho, fue el primer filósofo que designó y organizó el pensamiento pre-platónico en categorías, otorgándole orden de inteligibilidad y apertura al público, como se percibe en los escritos exotéricos conservados. Su intención primordial en materia ética, aquélla que nos interesa en esta ocasión, es devolverle al ciudadano común su validez de interlocutor, validez difusa en los diálogos platónicos. En esta ocasión, nos introduciremos a la definición de virtud según Aristóteles de acuerdo a los libros I, II y VI de la Ética Nicomáquea con el fin de entender la importancia de la práctica ética y su relación con la virtud en la tradición filosófica contemporánea.

    El estudio de la virtud (arete) en Aristóteles no refiere tanto a la excelencia o virtudes de las cosas singulares, como a su investigación centrada en la virtud propiamente humana (1102a, I, 13). Se dice que el principio de toda acción es la elección, y elegimos por el deseo. La inteligencia propone medios (razón instrumental) como modos de ser productivos (poiesis) o prudentes (praxis) para llegar a culminar el fin deseado pero la ética trata de la acción y del carácter pues los ejemplos nos introducen a la virtud, que es práctica y que se aprende actuando repetidamente (costumbre, hábito). Los modos de ser productivos son juzgados por el producto de la acción a diferencia de los modos de ser prácticos, que juzgan la acción en sí, el hábito por su parte, requiere de la experiencia por lo que adquirir un modo de ser desde la juventud tiene muchísima importancia, sino total (1103b, II, 25). Se elige así, el fin en la deliberación. La ética aristotélica se entiende de esta forma como una ética de fines y medios, donde los fines dependen del deseo y los medios, de la acción, regulada por la virtud.

    Aristóteles considera que todo arte e investigación, así como toda acción y libre elección tienden a un bien, por esto se dice con razón, que el bien es aquéllo a lo que todas las cosas tienden (1094a, I, 5). Existen, por su parte, fines principales preferidos, pues los hay <bienes> en sí mismos y los otros por éstos. Puesto que existen distintas formas de bienes, el bien se dice de muchas formas y sentidos (1096a, I, 25). La Idea platónica del Bien como unívoca e inasequible es refutada por Aristóteles pues, como explica, no es fácil ver qué provecho sacaría el artesano a su arte el conocer el Bien en sí o cómo podría hacerle mejor su contemplación (1097a, I, 10); si el Bien fuera sólo la idea, ésta sería vacua y el interés de la investigación es buscar los bienes que nos son posibles alcanzar y lograr. Pero como el bien de la ciudad es preferente a la del individuo, la política y el verdadero político se encargarán de ocuparse de la virtud para asegurar el bien de la ciudad. Al retornar a los bienes instrumentales o subordinados, es razonable considerar que tienden a un fin o causa final, que en el caso de los hombres, es la eudaimonia, que es cierta actividad del alma. El alma racional, por su parte, subordina a las dimensiones del alma irracional (vegetativa y continente) planteando los medios para satisfacer los fines que el deseo busca (causa eficiente). El deseo, sin embargo, emplea el placer o el dolor como índice de formación de los hábitos (1104b, II, 5). Existirán diferencias entre distintos tipos de virtudes: las éticas (liberalidad, moderación) y las dianoéticas (sabiduría, inteligencia, prudencia). Las primeras refieren al carácter y se elogían por el modo de ser de quienes las manifiestan, por eso se dice que la virtud es un modo de ser elogiable (1102b, I, 35).

    Los modos de ser surgen de los hábitos y las costumbres. Las cosas se destruyen por exceso o defecto y se conservan por el término medio (1104a, II, 25). Las virtudes así se relacionan con las acciones y las pasiones, y como el placer y el dolor acompañan a su vez a la pasión, la virtud también se relaciona con los placeres y los dolores. Definir a la virtud de un modo absoluto, dice Aristóteles, no es correcto pues no se añade “cómo es debido”, “cómo no es debido”, “cuando” y las demás circunstancias. La virtud, por lo tanto, se entiende en relación a uno y no a la cosa, tendiendo a su vez a hacer lo que es mejor con respecto al placer y al dolor y el vicio hace lo contrario (1104b, II, 25). El caso de actuar en virtud, sin embargo, exige ser virtuoso, esto es la deliberación e intención en la actuación: “Así las acciones se llaman justas y moderadas cuando son tales que un hombre justo y moderado podría realizarlas; y es justo y moderado no el que las hace, sino el que las hace como las hacen los justos y moderados” (Aristóteles 2004: 59).

    Ahora bien, tres cosas suceden en el alma: las pasiones, las facultades y los modos de ser. Asegura que la virtud no es pasión pues éstas se dan sin elección deliberada. Pasiones son todas las que van acompañando al placer y al dolor (ira, miedo, alegría, amor, deseo). Asímismo, tampoco es facultad porque éstas nos mueven y no somos virtuosos por ser capaces de serlo, sino por que la virtud nos dispone de cierta manera en el cómo nos comportamos respecto de las pasiones. Aristóteles afirma con esto que la naturaleza genérica de la virtud es un modo de ser (1106a, II, 10). La virtud del hombre, por lo tanto, es un modo de ser que lo hace bueno y por el cuál realiza bien su función propia. Por otra parte, la clase de la virtud es el término medio entre dos vicios, que de otra manera la destruirían por el exceso o el defecto, que se elige como medio relativo a nosotros. El vicio, por su parte, no admite término medio alguno por ser malo en sí mismo y no es posible acertar con el, siempre se yerra. La virtud, sin embargo, es un exceso respecto de lo mejor y el bien aunque un término medio de acuerdo a la definición de su esencia (1107a, II, 5). Definida queda la virtud en Aristóteles de la siguiente manera: “Es, por tanto, la virtud un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente” (1107a, II, 35).

    La virtud por lo tanto es el hábito apto para ejercitar acciones deliberadas en el justo medio relativo a nosotros. El término medio, a su vez, se entiende como la elección entre dos vicios pero en relación a nosotros y no de la cosa. Esto infiere en reconocer los hechos y actuar de acuerdo a la situación y no de acuerdo a valores absolutos. La recta razón, por su parte, determina el justo medio de las virtudes morales. De entre las cinco virtudes intelectuales, encontramos al arte, a la ciencia, a la prudencia, a la sabiduría y al intelecto. El hombre prudente es el que delibera, siendo la prudencia el modo de ser verdadero pero también práctico (phrónesis, sabiduría práctica) (1140b, VI, 5). Aristóteles menciona la existencia de virtudes naturales, pero sin prudencia (virtud por excelencia) y sin razón, son incluso dañinas (1114b, VI, 10); inculcar el hábito hasta que manifiesten la prudencia, por otra parte, si es fundamental en la juventud. Queda definida, de esta forma, la virtud como modo de ser elogiable y selectiva (que exige deliberación práctica entre dos vicios) con relación a nosotros (contexto) y como decidiría un hombre prudente, actuando con intención de ser virtuoso ante las circunstancias dadas.

    Topics: Transnochadas metafísicas |

    3 Responses to “Sobre la virtud en Aristóteles”

    1. anonimo Says:
      April 20th, 2008 at 9:48 pm

      Que fantastico… tener los trabajos de la universidad colgados con anticipacion… Jaja. Se nota que eres prevendio, yo hoy estuve releyendo Aristoteles y apenas emepzare a redactar.

    2. admin Says:
      April 21st, 2008 at 2:57 pm

      De la virtud, mucho se ha de decir aún. Me falta relacionar el esquema virtud-conocimiento en Platón con virtud-práctica de Aristóteles. Y como buen aristotélico, esperaré al resultado de este ínfimo trabajo para recién sentirme “bien” por ser prevenido o tal vez, haber pecado de confiado.

    3. jnag Says:
      April 22nd, 2008 at 11:45 pm

      esta muy bueno

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