« Sobre la virtud en Aristóteles | Home | Kant y el juicio sintético a priori »
I. Idea de una historia universal en sentido cosmopolita
By admin | May 7, 2008
KANT, Inmanuel. Filosofía de la historia México D.F: FCE, 1941
Los escritos políticos de Immanuel Kant (1724-1804) constituyen una de las piezas fundamentales de la filosofía política moderna ilustrada que, ante el régimen absolutista del XVIII, demarcaron una idea de organización civil libre e igualitaria. Ya en la Paz Perpetua, Kant elabora un esbozo de pensamiento en clara oposición a la guerra, elemento que imposibilitaba la formación de repúblicas constitucionales. Kant se aproxima a la política desde el liberalismo clásico para enrumbar hacia un pensamiento nuevo, con miras a una generalidad política, donde todos los hombres, agentes racionales, convivan en paz duradera en un mundo igualitario y universal. Es en Filosofía de la Historia, donde Kant expone una idea de universalidad cosmopolita de acuerdo a ciertos principios acordes a la naturaleza y a la razón, principios que presentaremos esquemáticamente a continuación.
Toda acción humana, bajo cualquier concepto de libertad de voluntad, se halla determinada por leyes generales de la Naturaleza y es pues, en efecto, que cada hombre y pueblo, al perseguir su propósito, sigue insensiblemente, como hilo conductor, la intención de la naturaleza (cf. Kant: 40). El papel de la historia es, con ello, ocuparse de la narración de estos fenómenos. Siendo los hombres, sin embargo, agentes racionales, no se siguen por instinto, más no son del todo, como afirma Kant, racionales ciudadanos del mundo, “con arreglo a un plan acordado, parece que no es posible construir una historia humana con arreglo a plan” (Kant: 41). El filósofo quien se encuentra ante este curso contradictorio de las cosas humanas debe intentar buscar alguna intención de la Naturaleza con el propósito de trazar historia de “criaturas semejantes” conforme a un determinado plan de aquélla. Kant intenta, por lo tanto, exponer los principios de las leyes de la Historia humana acorde con la Naturaleza -entendida como Providencia- encontrando, con ello, las causas naturales generales de la primera, historia sin plan propio pero en sí pero acorde, como vuelve a sugerir, a un determinado plan de la Naturaleza.
De acuerdo al primer principio, toda disposición natural de una criatura está destinada a desarrollarse alguna vez de manera completa y adecuada. Hemos de entender con esto que todo ente cumple una determinada función en temporalidad, siendo ésta a su vez un límite en la perfección de la disposición natural de las criaturas. Por lo tanto, su adecuación y desarrollo no han de darse en el individuo singular, -pues acabaría en su tiempo-, como sí en la especie en general. De esta manera, el segundo principio señala que en los hombres, estas disposiciones (que apuntan al uso de la razón) deben desarrollarse en la especie, pues los individuos sólo deben aprender a usar a la perfección todas sus disposiciones naturales con un único objetivo: la transmisión de conocimientos, desarrollo que corresponde adecuadamente a la intención de la naturaleza (cf. Kant: 43). Con todo, Kant asegura que el proyecto histórico -según su interpretación- está dado a priori acorde a la naturaleza pero concebida de modo puramente empírico (cf. Kant: 64)1, no obstante, la Naturaleza ha querido que el hombre logre sobrepasar su existencia mecánico-animal y participe de la felicidad que se procure por su propia razón o libertad, entendida en Kant como la capacidad humana de legislar sus propios fines.
Este principio tercero aclara la intención de la Naturaleza de otorgar al hombre una estimación racional y no el bienestar general, pues el destino humano aguardaba penalidades; el vivir bien no interesa tanto como desenvolverse de manera tal que por su comportamiento merezca la vida y su bienestar (cf. Kant: 45). Estos primeros principios desarrollan la idea del hombre como inmerso en un mundo natural y con ello, sujeto a su propia ley de causalidad. A pesar de la libertad humana, la Naturaleza proporciona las condiciones de desarrollo de su progreso histórico en relación a estos primeros principios.
Continuando con el cuarto principio, Kant expone la insociable sociabilidad humana, o antagonismo, inclinación del hombre a formar sociedades y entrar en ella así como también tendencia a aislarse y encontrarse con resistencias constantes que amenacen con disolver la sociedad. Este principio elabora un esquema de la condición humana en donde el hombre “en tal estado se siente más como hombre, es decir que siente el desarrollo de sus disposiciones naturales” (Kant: 46). El hombre, quien desea concordia, se ve enfrentado a la Naturaleza, que le dispone discordia, elemento que, según Kant es primordial para que las excelentes disposiciones naturales despierten ante el duro trabajo, el penoso esfuerzo e insatisfacción; impulsos suficientes para que encuentre los medios que le libren de su situación (cf. Kant: 48). Una vez que los hombres comprendan su co-existencia, surge el mayor problema del género humano: la sociedad civil que administre el derecho general. La Naturaleza quiere que el hombre sea quien procure el logro de sus fines siendo la tarea suprema de la naturaleza la constitución civil perfectamente justa (cf. Kant: 49). De esta manera, el quinto principio busca que la sociedad le otorge al hombre un modo de convivir ajeno a su salvaje libertad, encontrándolo sólo en la asociación civil. Pero es éste el problema más dificil, sino imposible de la asociación humana. El hombre es animal que necesita un señor o ley que ponga límites a la libertad de todos; un señor que quebrante su voluntad y le obligue a obedecer una <voluntad> valedera para todos, para que cada uno pueda ser libre (cf. Kant: 51). El sexto principio exige que un Jefe sea justo por sí mismo, de lo contrario, necesitaría un señor a su vez. Pero este Jefe es humano, por lo que sólo podemos -y debemos- aproximarnos a la idea del principio.
Ante Kant, el hombre se presenta como una especie social que, frente al mandato natural, se predispone a asociarse civilmente en una institución interna, organizada por la legislación de sus propios fines conforme a la razón, enfrentado al fruto de su insociabilidad debido al antagonismo en sociedad. En el cuarto y quinto principio anida la idea del ser humano como proyectado a concretar una sociedad donde cada persona sea libre, como la Naturaleza permite (explicado en el primer, segundo y tercer principio respectivamente), pero obediente a una voluntad y libertad válida y posible para todos. Sin embargo, la institución de una constitución civil perfecta dependerá no sólo de la forma social de los pueblos, sino de una legal relación exterior entre los Estados (cf. Kant: 52).
Es así que el séptimo principio presenta la idea de Unión de Naciones donde, aún el Estado más pequeño espere seguridad y su derecho de una federación de naciones o potencia Unida (cf. Kant: 53). Para Kant, antes de la Liga de Estados, que expone en este principio, la humanidad padecería males, “en tanto que los Estados sigan gastando todas sus energías en sus vanas y violentas ansias expansivas, constriñendo sin cesar el lento esfuerzo de la formación interior de la manera de pensar de sus ciudadanos, privándoles de todo apoyo en este sentido, nada hay que esperar en lo moral” (Kant: 57). Es así que el ideal de moral y su universalidad corresponde a la cultura, no al arte ni a la ciencia (cf. Kant: 56). Sometiendo a consideración aquéllo, el principio octavo describe un ’secreto plan’ de la Naturaleza para realizar la constitución estatal interna en la historia humana, perfecta y exterior (cf. Kant: 57). Esto es, el Estado de la ciudadanía mundial o cosmopolita. La historia universal con arreglo a un plan de la Naturaleza, como intenta esclarecer Kant, debe ser pensada en su efecto propulsor. Es así que el noveno y último principio parece explicar un curso regular del mejoramiento de la constitución estatal. El futuro de la especie desarrollará por completo y cumplirá su destinto en este Mundo (cf. Kant: 62). Este consuelo del devenir constituye, finalmente, la justificación de la Naturaleza con respecto a la historia humana impregnada en ella, quedando así, los nueve principios, como explicaciones de las causas generales y naturales de la idea de historia universal humana en el sentido cosmopolita.
La preocupación en Kant para con la historia es cómo la posteridad cargará con el peso de la misma que le vayamos dejando al correr de los siglos (cf. Kant: 64), pero también está el recuerdo glorioso de los Jefes de Estado, los servidores y el mundo en general. Sería errado, por otra parte, creer que esta idea de historia universal sea necesaria y no más bien un pensamiento de lo que una cabeza filosófica pudiera intentar también por otros caminos (cf. Kant: 64). Con todo, se define así un proyecto historicista o con tendencia teleológica al progreso (aunque no así como la perspectiva hegeliana). El público que autoriza la historia antigua es sólo uno ilustrado, de no serlo, la historia le sería una terra incógnita (n.a: 65). El motivo, sin embargo, que interesa a Kant es la idea de las naciones unidas o Liga de Estados que permitirán abrir un futuro cosmopolita, motivación aún presente en generaciones posteriores con deseo de trascender las fronteras geopolíticas e internacionalista, que no se olvida del individuo como ciudadano de éste mundo pero también como parte de una unidad con sentido, que Kant llamaría plenamente, humanidad.
1De acuerdo con su interpretación de historia universal que retomaremos más adelante.
Topics: Transnochadas metafísicas |
